¿CUÁL ES EL COSTO FINANCIERO DEL FRAUDE EN MÉXICO?

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El sector financiero mexicano tiene una pérdida de aproximadamente cuatro veces el valor nominal de cada transacción que estuvo involucrada en un fraude.

En términos generales, un fraude es un engaño diseñado específicamente para obtener un beneficio económico con recursos ajenos o a través de operaciones ilícitas.  ¿Qué significa esto en términos cotidianos? Un fraude puede tomar distintas caras y afectar tanto a personas como a instituciones.

Por un lado, existen fraudes que implican el uso ilegal de información de tarjetas de crédito. Por otro lado, hay fraudes en los que se contacta al usuario de algún servicio y se le solicita información bancaria que luego es utilizada en compras que no ha autorizado. Sin embargo, hay casos que pueden implicar violaciones a la privacidad que son aún más graves como el robo de identidad o el uso de cuentas para lavado de dinero. Como consecuencia de las acciones fraudulentas, tanto consumidores como instituciones sufren pérdidas económicas y ven vulnerado el mayor bien que existe en la relación cliente-empresa: la confianza.

Actualmente, la tecnología ha facilitado una amplia gama de operaciones, pero también ha creado un espacio de incertidumbre en el que los criminales aprovechan el ciberespacio para su beneficio. Por lo tanto, no es sorprendente que las transacciones en internet sean el objetivo número uno de quienes buscan cometer un fraude. Al respecto, hay investigaciones como la que realizó LexisNexis, empresa especializada en gestión de riesgos, sobre los costos económicos del fraude en México y los resultados no pueden ser ignorados.

El Reporte de México del Estudio LATAM de LexisNexis Risk Solutions 2018 True Cost of Fraud revela que en promedio cuatro de cada diez ataques realizados en contra de transacciones por internet de empresas mexicanas tienen éxito.

Asimismo, por cada dólar involucrado en un fraude, las empresas sufren una pérdida económica de 3.39 dólares, dicho en términos cotidianos, cada fraude cuesta a los negocios más de tres veces su valor nominal.

Lo que es aún peor, los costos para los bancos y las empresas de servicios financieros son aún más altos: 3.8 dólares por cada dólar involucrado en una transacción fraudulenta. Es decir, el sector financiero mexicano tiene una pérdida de aproximadamente cuatro veces el valor nominal de cada transacción que estuvo involucrada en un fraude.

Por su parte, la economía mexicana es la segunda más grande de América Latina y en pocos años se ha convertido en un líder del comercio electrónico. El acelerado crecimiento de la economía mexicana ha impulsado al mismo tiempo, de manera positiva, el ecommerce pero lamentablemente han aumentado las amenazas de las transacciones en el ciberespacio. De hecho, México ya es el segundo país con más ciberataques en América Latina y esto sucede porque es uno de los más lucrativos para los delincuentes informáticos.

Sin embargo, las transacciones en línea no deben ser consideradas como algo negativo. Por el contrario, el uso de dispositivos electrónicos ha permitido que la población de México tenga mayor acceso a servicios bancarios y financieros.

Adicionalmente, las empresas también han podido aumentar sus ventas a través del ecommerce y el número de clientes a los que pueden alcanzar gracias a que la tecnología les permite eliminar barreras geográficas.

Bajo este contexto, no se puede ignorar el hecho de que las empresas mexicanas no siempre cuentan con un plan para combatir las amenazas a sus transacciones en línea, pero es algo que se volverá imprescindible dado que la evolución tecnológica no se detiene, sino que cada vez involucra más interacciones de tipo comercial.

Como notas finales podemos concluir que el costo de cada transacción fraudulenta en México es casi cuatro veces mayor que su valor nominal para el sector financiero y aproximadamente tres veces para otras industrias.

De la misma manera, también es necesario apuntar que México es un mercado en el que las oportunidades de realizar transacciones en línea aumentan y junto con ellas el riesgo de ser objeto de fraude.

Sin embargo, la reflexión después de analizar un tema como éste es que las empresas mexicanas deben replantear sus paradigmas de ciberseguridad. Al desarrollar una visión estratégica en términos de prevención de los delitos cibernéticos, las empresas reducen sus costos y protegen la confianza que ponemos en sus manos al momento de hacer una transacción.

Fuente: Alto Nivel

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