LAS FINTECH, LOS BANCOS Y SUS PROBLEMAS DE COMPETENCIA

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La nueva Ley Fintech y su regulación secundaria por parte del Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria, con las recomendaciones de la Comisión Federal de Competencia Económica, parecen ser, además de la legislación más avanzada de su época, lo que viene desde Peña Nieto pero ha sido continuado por el equipo de AMLO: haber logrado un piso parejo para que compitan en igualdad de circunstancias tanto los bancos como otros intermediarios financieros, como las sofipos.

Inicialmente, las empresas fintech se quejaron de que parecía haber una tendencia que favorecía a los bancos en la regulación, que encarecía sumamente ésta para el grupo pequeño innovador, que hubiera tenido que incrementar sus montos de manera sustancial; quizá se debiera haber propuesto ya una vez que estuviera instrumentada la regulación un proceso de barreras a la entrada para eliminar los costos inútiles que la nueva regulación suponía a favor de las instituciones de crédito.

El hecho es que las modificaciones hechas a la regulación han equiparado de manera pareja el camino y se tiene una cancha más o menos con el mismo nivel de pasto. Es curioso que el gremio de las sofipos sea el que ahora está clamando junto con las microfinancieras para que las instituciones de crédito no gocen de mayor facilidad para cumplir la regulación que las sofipos, y las microfinancieras verse frente a un perjuicio ante los créditos a la palabra del programa de López Obrador y de Claudia Sheinbaum.

Gabriel Zaid ha sido el autor experto en funcionamiento de la regulación y su repercusión en las empresas para exigir que la ley debe distinguir entre sus destinatarios cuando éstas son microempresas o grandes empresas. Las grandes empresas tienen personal, estructura y capital para cumplir con dicha regulación sin inconveniente, pero las microempresas deben tener que pagar precios prohibitivos para poder cumplir con el sector formal de la economía, razón por la cual se “protegen” en el sector informal. La teoría actual de la regulación sí piensa en disminuir los costos de la misma sin distinguir si se trata de empresas micro o grandes, lo que ocasiona una diferencia competitiva muy importante en el mercado. Esta distinción debería incluirse de forma generosa, llegando a nuestro juicio lo más posible a la regulación costo cero para las microempresas.

Todo esto estuvo a punto de pasar con las fintech (que se siguen quejando de todos modos de fuertes cargas burocráticas), pero se pudo lograr con un diálogo desapasionado entre el gobierno, la ABM, Banxico, Cofece y la asociación de fintech. El siguiente asunto en la agenda será resolver el problema de las cooperativas de crédito, que deben constituir un papel fundamental para el reparto del crédito, tomando en cuenta que se trata de empresas cooperativas, muy propias de una economía solidaria promovida por AMLO y la doctrina social de la Iglesia, pero que ha llevado también a numerosos fraudes contra los usuarios de servicios financieros como el caso Ficrea y al incumplimiento de los estándares de capital señalados por la Comisión Nacional Bancaria para las sofipos.

¿Cómo se debe resolver el problema?
Resolviendo y regulando las tasas de interés y las comisiones para las instituciones de crédito, pues mientras no se resuelva eso la mayoría de la población seguirá sin acceso a los canales formales del crédito, mucho menos caros que los informales como las microfinancieras.


Fuente: El Economista

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