MÉXICO DEBE COMBATIR EL NARCOTRÁFICO MÁS QUE EL LAVADO DE DINERO

México debe concentrarse mucho más en combatir el narcotráfico que las operaciones con recursos de procedencia ilícita.

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El experto argentino en el estudio del combate al lavado de dinero, Federico Marastoni, señala que México debe concentrarse mucho más en combatir el narcotráfico que las operaciones con recursos de procedencia ilícita. Hacer lo contrario, considera, puede derivar en una desviación de recursos y dejar de perseguir el crimen del día a día, lo que fomentaría el tráfico de drogas

“México tiene que concentrarse mucho más en combatir el narcotráfico que el lavado de activos, porque muchas veces la cantidad de énfasis que se pone en las regulaciones del lavado de activos es una forma de admitir que no se puede contra el narcotráfico”, dice en entrevista el doctor Federico Marastoni Giovannini.

El abogado por la Universidad de Buenos Aires destaca que en muchos países la política del Estado ha sido renunciar a perseguir a los narcotraficantes y tratar de atraparlos cuando laven su dinero, “porque se dan cuenta que no tienen los medios necesarios para agarrarlos cuando están cometiendo el delito o por falta de pericia”.

Agrega que, en su experiencia, ha “visto en muchos casos una desviación de recursos para perseguir la parte económica del narcotráfico y dejar de perseguir en el día a día, en la calle [el delito], lo que hace que prolifere el narcotráfico”.

El experto en el estudio del combate al blanqueo de capitales observa que éste y el narcotráfico, si bien en primera línea están muy vinculados, son delitos autónomos. “El lavado de dinero puede venir de cualquier delito, como la evasión fiscal o el robo de un banco, no es necesariamente una cuestión que tenga que ver con el narcotráfico, aunque sea uno de los delitos que más se ven en el mundo, pero también lo es el tráfico de armas o el tráfico de personas”.

No obstante la visión del especialista argentino, para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador desmantelar las finanzas de los criminales sí es un tema de primer orden. Tan sólo en lo que va de su administración, la Unidad de Inteligencia Financiera –que encabeza Santiago Nieto– ha congelado 5 mil 329 millones de pesos e iniciado procesos legales contra 771 personas físicas y 1 mil 57 empresas, bajo la premisa de que habrían incurrido en operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Aunado a esos resultados, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, ha asegurado que en la cooperación bilateral con Estados Unidos, “México ha planteado, entre muchas otras cosas, dos prioridades”: el combate a las finanzas de los narcotraficantes y al tráfico de armas.

Ello, porque el Gabinete de Seguridad ha determinado como preponderante el ataque a los recursos. “Estas organizaciones tienen ganancias extraordinarias”, detalló el funcionario el pasado 29 de noviembre, durante la conferencia de prensa matutina del presidente.

Los circuitos del lavado

Según los Departamentos del Tesoro, Estado y Justicia de Estados Unidos, el principal circuito del blanqueo de capitales en México es el sistema financiero; sin embargo, el experto argentino advierte que este tipo de declaraciones tienen claramente un sesgo político.

No obstante, el caso de HSBC que lavó más de 800 millones de dólares para el Cártel de Sinaloa entre 2006 y 2010 –y por lo cual la institución fue sancionada en el vecino país del Norte– sería un ejemplo de que el sistema financiero sí es vulnerable a estas operaciones.

Al respecto, el doctor Marastoni Giovannini advierte que este caso “demuestra que el supuesto daño a la integridad del sistema financiero no es tal, porque el banco admitió haberlo hecho y sigue teniendo sus operaciones al día de hoy mucho más grandes que antes. Los daños al sistema financieros son poco tangibles”.

El abogado agrega que “puede ser real que la mayor parte del dinero se canalice a través del sistema financiero. Un estudio detallado sobre las distintas modalidades de comisión de lavado de activos indica que la grandísima mayoría del desarrollo profesional –para denominar de alguna manera lo que hacen los criminales– en general pasa por operaciones en efectivo y como última etapa es la introducción en el sistema financiero, y una introducción en el sistema financiero formal. No son personas que hacen operaciones bursátiles o que son jugadores de peso en el sistema financiero, sino que hacen empresas que se bancarizan y esa es la manera de ingresar al sistema financiero, pero todo el proceso anterior a eso que es la culminación son operaciones que no tienen que ver con el sistema financiero en general, sino con operaciones de la economía real: explotación de la falta de bancarización  o la explotación de las operaciones en efectivo”.

Marastoni Giovannini indica que los enemigos del Estado no son sólo los narcotraficantes: “hay cientos de poderes fácticos que atentan contra los intereses que el Estado quiere generar y considero que se les debe combatir de la misma manera; sólo que para combatir al narcotráfico se tienen muchísimas más herramientas, porque son delincuentes, entonces se tiene el derecho penal”.

Agrega que “muchos de los poderes fácticos más dañinos para los Estados vienen de la mano de empresas con actividades lícitas, también por parte de los criminales. Pero el Estado tiene muchísimas más herramientas para perseguir a alguien que está cometiendo un delito y generando su dinero y su poder a través de delitos, que alguien que está obteniendo mucho poder de forma lícita y que también puede tener una injerencia en decisiones del Estado y que se consolidad como sectores de poder”.

—Al ser el lavado de activos un delito que potencia otros ilícitos, como la compra de armas, la cooptación de autoridades vía sobornos, la adquisición de casas de seguridad, etcétera, ¿cómo debe ser su combate para desarticular todas las redes que lo hacen posible?

—El primer paso para poder perseguir el lavado de activos de una manera eficiente es perseguirlo por hechos que sí generen, es decir perseguirlo por los daños que sí genera a la sociedad o al Estado, porque en el momento que se persigue a alguien por algo que realmente hizo es más difícil que al día de mañana se termine en una sentencia absolutoria por un proceso mal hecho.

“Como abogado, mi interés es que los procesos judiciales se hagan bien y no se termine diciendo que la acusación es inconstitucional y los criminales salgan en libertad.”

—En el ámbito de la cooperación internacional, ¿cómo puede México enfrentar el tema de los llamados paraísos fiscales, que es a donde se envían las ganancias ilícitas no sólo del crimen organizado sino de los funcionarios corruptos?

—Paraísos fiscales hay en todos lados y todo mundo tiene relación con ellos. Hay un sesgo muy grande de prejuicios contra Latinoamérica  de decir que los paraísos fiscales sólo existen ahí, pero hay paraísos fiscales en Europa, Mónaco, Delaware, Panamá, Islas Vírgenes, en Suecia. Y la gran mayoría de los países desarrollados –o más grandes en términos de su economía– tienen vínculos fluidos con todos esos paraísos fiscales, solamente que después hay ciertos problemas, tanto de prejuicios como de otras cuestiones, cuando esos paraísos están localizados en lugares donde hay narcotráfico, pero eso no cambia que los paraísos fiscales sean una cadena necesaria del funcionamiento del capitalismo actual, y particularmente en el neoliberalismo. No es que los paraísos fiscales sean errores del sistema: cumplen un rol muy importante en cada uno de los continentes; la cuestión es cuando son cooptados para el cometimiento de actividades que tienen un gran desprecio en la sociedad, como el narcotráfico, a diferencia del gran desprecio que tiene la evasión impositiva, que generalmente no genera tanto estupor en la gente. Pero los paraísos fiscales existen desde hace siglos y los utilizan sectores de poder para evitar los impuestos en muchos países y en todos lados del mundo.

“Lo que puede hacer México es adaptarse a las legislaciones internacionales de países que no permiten eso, es decir, con las normativas internacionales de tratamiento con jurisdicciones de baja cooperación, como son los paraísos fiscales en estos temas. Honestamente no creo que eso vaya a resolver ningún problema porque, en general, todas las regulaciones están dos pasos atrás de la forma en que se generan los delitos, y eso lo explica el hecho de que cada vez hay más lavado de dinero a pesar del aumento de las normas.”

—En ese combate, ¿qué papel debe jugar la Unidad de Inteligencia Financiera?

—Tiene un papel importantísimo; sin embargo, debería de ser un ministerio y no una unidad, ya que una unidad no tiene la capacidad de resolver ningún problema de carácter nacional. Creo que es una fachada para decir que se persigue porque hasta donde he podido ver, ninguna unidad financiera de los países de Latinoamérica es un organismo serio y bien establecido. En todos lados son un edificio perdido con 10 o 15 empleados en algún lado, y eso no tiene la capacidad para frenar de ninguna manera las operaciones bursátiles que se generan. Por eso México debe darle muchísimo más presupuesto a la Unidad de Inteligencia Financiera”.

Fortalecer a la UIF, el reto

El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) indicó que la Unidad de Inteligencia Financiera de México presenta inconstancias para realizar investigaciones tanto de casos de blanqueo de dinero como de la criminalidad subyacente.

En el informe de evaluación mutua emitido en 2018, explicó que las deficiencias apuntan a que están investigando y procesando el lavado de dinero de manera reactiva, caso por caso, y que no se persigue sistemáticamente la confiscación de los productos e instrumentos de blanqueo como un objetivo.

Con la finalidad de acabar con la delincuencia y la corrupción, desde 2002 el país entró al sistema internacional de combate al lavado de dinero y, desde entonces, forma parte del GAFI, que elabora y promueve medidas para combatir el blanqueo de capitales. En ese tenor, se constituyó la UIF en 2004 y desde entonces sigue operando como una unidad y no como un ministerio, como recomienda el experto Federico Marastoni Giovannini.

Fuente: Contra linea 


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