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CÓMO LAVAN DINERO LAS CUATRO GRANDES ORGANIZACIONES DEL NARCO EN MÉXICO


En su más reciente artículo La Estructura de las Organizaciones de Tráfico de Drogas y prácticas de lavado de dinero: una hipótesis de tolerancia al riesgo, la politóloga Cecilia Farfán analiza las operaciones financieras de las organizaciones de tráfico de drogas de Sinaloa, los Arellano Félix, La Familia Michoacana y Los Zetas, y examina cómo estas organizaciones mexicanas lavan su dinero de procedencia ilícita. Más concretamente, en qué actividades lícitas se involucran y qué elementos toman en consideración.

Farfán es jefa de investigación en programas de seguridad en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California San Diego e investigadora afiliada del Centro de Estudios sobre Seguridad, Inteligencia y Gobernanza del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

El trabajo de la politóloga nos muestra una perspectiva del lavado de dinero pocas veces estudiado. Destaca porque pone a disposición del público los métodos específicos de lavado de dinero que hasta hace poco sólo se conocían en las Cortes de justicia de Estados Unidos. En el plano teórico, también supone una contribución importante al ofrecer un enfoque que permite una mejor comprensión sobre el comportamiento y la toma de decisiones de organizaciones de tráfico de drogas (OTD).


La autora propone dos variables determinantes para entender la toma decisiones de las OTD:

  1. El tipo de estructura de cada organización. Esta variable se relaciona con la cantidad de miembros que tiene la organización y si esos recursos humanos funcionan dentro una estructura jerárquica o de redes.

  2. La tolerancia al riesgo de la organización criminal, entendiendo por riesgo la mayor variabilidad en los posibles resultados de una decisión financiera, independientemente de si los resultados son los deseados o no (ver tabla 1).

Esta perspectiva sugiere que los métodos de lavado de dinero que escogen las OTD no son resultado de la voluntad de un individuo. Esto tiene consecuencias para el diseño de políticas públicas enfocadas al lavado de dinero. Como demuestra Farfán, cada organización criminal es diferente: “No puede haber una estrategia contra el lavado de dinero global, sino más bien empezar a entender cada organización en su propia dimensión, y una variable clave es saber de antemano qué nivel de riesgo van a tolerar”, escribe en su paper.

Una empresa que invierte en sus empleados

Farfán distingue dos tipos de formas que adoptan las organizaciones criminales: estructuras jerárquicas y de redes. A las primeras las llama así no porque tengan un solo líder que centraliza el conocimiento y toma todas las decisiones. Su principal característica es que en ellas se hace una fuerte inversión en recabar información sobre los empleados así como en su entrenamiento.

Cada tipo de estructura, además, determina ciertos comportamientos, entre ellos el nivel de “tolerancia al riesgo” que tienen al momento de lavar el dinero. Es allí donde Farfán enfoca su estudio.

La autora explica que las organizaciones jerárquicas “son muy eficientes en recabar información de sus empleados (quiénes son, quién es puntual, quién hace bien su trabajo, a quién hay que perseguir). Las jerarquías reducen costos de transacción. En las organizaciones de redes, en cambio, te contratan por tu expertise: no te desarrollan, no te enseñan y entonces eres mucho más remplazable”.

Esta diferencia en cómo se forma el capital humano de la organización criminal marca una diferencia en su tolerancia al riesgo: “Si a los empleados los matan o arrestan, a la estructura de redes no le preocupa tanto. Pero las estructuras jerárquicas tienden a ser menos tolerantes al riesgo de perder gente que les costó capacitar”, sostiene la investigadora.

Dicho de otro modo, las organizaciones que invierten cantidades significativas de dinero, tiempo y entrenamiento en los diferentes niveles de su estructura administrativa, tenderán a ser más cautelosas al lavar sus ganancias, ya que en caso de que sus empleados sean arrestados o asesinados, su baja causaría un alto costo para la organización.

Según el artículo de Farfán, la organización de Sinaloa y la de los hermanos Arellano Félix operan de esta manera, pues son jerárquicas. En contraste, la Familia Michoacana y Los Zetas, organizaciones con estructura de red, utilizaron métodos de lavado de dinero mucho más arriesgados.


Familia Michoacana y la música


En el 2010, la entonces Procuraduría General de la República en México (PGR) acusó a miembros de la organización de la Familia Michoacana de lavar sus ganancias ilícitas a través de conciertos musicales en ferias locales tanto en México como en Estados Unidos. Según Farfán, se trata de un método tolerante al riesgo.

Los registros públicos (basados en los expedientes de la PGR/SIEDO/UEIDCS/018/2010) que analizó la autora denuncian que esta organización contrataba grupos musicales para tocar en los Estados Unidos. Lo que levantó sospechas de las autoridades norteamericanas es que, a pesar de que estos conciertos tenían un costo promedio de 50 mil dólares, los grupos representados por esta organización firmaban contratos por medio millón. Una vez que el grupo regresaba a México, la banda llevaba el dinero en efectivo, después de haber pagado impuestos en Estados Unidos.

El artículo detalla que el acuerdo entre las OTD y los grupos musicales es una estrategia poco estable. Una vez que los grupos adquieren fama y no necesitan del dinero de la organización, buscan independizarse del crimen organizado. Eso, sin embargo, es prácticamente imposible ya que según se ha documentado en las últimas décadas, cuando los músicos intentan cortar lazos con la organización son ejecutados. Ese fue el caso del vocalista del grupo K-Paz de la Sierra, Sergio Gómez, encontrado muerto en 2007.

De acuerdo a las investigaciones judiciales revisadas por Farfán, uno de los administradores principales de la Familia Michoacana, Nazario Moreno, alias “el Chayo” o “el más loco”, ha sido señalado de haber ordenado el asesinato de Gómez. El cuerpo del cantante mostró señales de tortura y quemaduras severas en el área genital.